El 11 de marzo de 2004 cuatro atentados yihadistas, perpetrados prácticamente al unísono contra sendos trenes de cercanías en Madrid, causaron la muerte a 191 personas e hiriendo a más de 1.500. Se trataba de estudiantes y trabajadores españoles y de otras quince nacionalidades


En plena vorágine por el coronavirus parece que no nos queda tiempo para la reflexión más allá de las noticias que recorren las pantallas de nuestros ‘modernos smartphones’ repletos de mensajes, muchos de ellos incluso sin perder el sentido del humor que nos caracteriza, aún estando ante lo más parecido a una pandemia (enfermedad epidémica que se extiende a muchos países) que hayamos conocido. Y es que ese sentido del humor es el que, en muchas ocasiones, nos salva y nos ayuda a levantarnos y a seguir caminando. ¿A quién no le ha llegado alguno de esos mensajes irónicos que rozan la hilaridad sin mayor complejo? Aún estando ante una enfermedad mortal, somos capaces de intentar superarlo encajándolo con humor. Puede que seamos poseedores de parte de ese carácter del que habló el novelista Amos Oz: “Nunca he visto a un fanático con sentido del humor, ni a nadie con sentido del humor que sea un fanático”.

Sin embargo, al devolver la mirada a la memoria sobre lo ocurrido hoy hace dieciséis años, es imposible recrear esas imágenes sin que la angustia apriete la pena. El numerónimo 11M, como todos conocemos este luctuoso y trágico acontecimiento este año se queda sin homenaje. El coronavirus y su procacidad insolente engulle la actualidad con el contagio médico, pero también sociológico, como arma de destrucción masiva.

Sirvan estas breves palabras para recordar lo que sucedió en los cercanías en Santa Eugenia, en El Pozo, en la calle Téllez y en la estación de Atocha. Para recordar a todos esos trabajadores y estudiantes víctimas de la sinrazón, víctimas de las circunstancias y acontecimientos de los que sin serlo, tornaron en protagonistas para siempre. Y que para siempre permanecerán en nuestra memoria con el respeto que se debe a los que ya no se encuentran entre nosotros.